El día que llueve en el campamento

Hay días de verano donde parece que el club se apaga un poco.

Las pistas vacías.
Las sillas mojadas.
Y todos mirando el cielo esperando que deje de llover.

En el campamento del San Fermín, esos días cambian completamente las reglas.

No hay partidos.
No hay entrenamientos normales.
Pero, aun así, nadie quiere irse a casa.

Cuando el verano se mete dentro del club

Las mochilas aparecen amontonadas en los pasillos.
Alguien propone cartas.
Otros empiezan un torneo de mini tenis bajo techo.

Tin y Coco convierten cualquier rincón en una competición absurda. Sofi organiza equipos. Los gemelos Fantasma hacen imposible mantener el orden más de diez minutos.

Y poco a poco la lluvia deja de importar.

Algunos recuerdos nacen justo esos días

Porque los campamentos no se recuerdan solo por el tenis.

También por las tardes raras.
Los planes improvisados.
Las historias que aparecen cuando todo sale distinto de lo esperado.

A veces los mejores días del verano son precisamente los que nadie había planeado.

La lluvia también forma parte del verano

Fuera sigue cayendo agua sobre las pistas vacías.

Pero dentro del club todavía hay ruido.
Risas.
Pelotas botando en algún pasillo.
Y niños que siguen encontrando formas de jugar.

Porque cuando un verano funciona de verdad…
ni siquiera la lluvia consigue pararlo del todo.


FAQ — Campamentos, lluvia y convivencia infantil

¿Qué hacen los niños cuando llueve en un campamento deportivo?

Suelen aparecer juegos, actividades improvisadas y mucha convivencia dentro del club.

¿Por qué los días de lluvia generan tantos recuerdos?

Porque rompen la rutina y suelen crear momentos inesperados muy compartidos entre los niños.

¿La convivencia es importante en un campamento?

Sí. Muchas amistades nacen precisamente fuera de los entrenamientos.

¿Qué aprenden los niños en estos momentos?

Adaptación, creatividad y capacidad de divertirse incluso cuando los planes cambian.

¿Qué representa la lluvia en Tin&Tros?

Representa los momentos inesperados que terminan convirtiéndose en recuerdos importantes.

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Las fichas de Trosma

—Antes de dormir es el momento de preparar la tarea de mañana y no pensar en ganar o perder. Pongamos todo por escrito, será tan fácil como dejar los deberes hechos y podrás descansar tranquilo.

—¿Y cuál es mi tarea? ¿Cómo tengo que jugar con Marco Costa? ¿Y con Dani? ¿Qué puedo hacer para no estar nervioso? —pregunta Tin lleno de dudas.

—Muy buenas preguntas, Tin. Necesitas pensar un poco en el partido de hoy y lo que comentamos analizando a los rivales. Todos los jugadores tienen un patrón, un estilo que se adapta a su cuerpo, a su mente, a sus fortalezas.

—¿Y cuál es el mío?

—Estoy seguro de que ya conoces bien tu patrón y estilo de juego. Es solo cuestión de que reflexiones y lo analices sobre un papel. Yo puedo ayudarte.

La cremallera se abre unos centímetros. De dentro sale una pequeña libreta verde y marrón plastificada. En su interior hay un montón de fichas para cubrir.

—¿Qué son estas hojas?

—¡Tu ficha de jugador! Aquí puedes anotar tus rutinas, tus puntos fuertes, lo que tienes que mejorar.

Tin coge la libreta. La portada tiene su nombre escrito a mano.

Tin, boquiabierto con el detalle de los documentos, empieza por cubrir su propia ficha. En diez minutos ha definido todos sus puntos fuertes y débiles como jugador, su patrón de juego, su potencial físico, técnico y mental. Trosma supervisa cada apunte de su nuevo pupilo.

Lectura y valores

Después del gran día, solo hay un destino que lo pueda mejorar: la piscina del club San Fermín, con zonas de sol y sombra, mucho verde y mucho espacio para nadar y bucear. El agua está un poco fresca de más, pero el calor acumulado disipa las dudas de Tin y sus amigos.

Los niños corren descalzos por el césped y dejan las mochilas en los bancos de piedra. Después de un paso rápido por las duchas, dan un salto, dos ¡y al agua! Tin se sienta en el borde y deja los pies colgando. Apenas tiene tiempo de reaccionar cuando ve que Nico y Dani han cogido su mochila.

—¿Qué hacéis?, dejad ahí mi mochila.

Los gemelos Fantasma forcejean con una de las asas.

—Tranquilo, Tin, solo miramos si llevas piedras dentro —dice Nico.

—¡Dejad mi mochila, Dani! —les grita Tin. Tan rápido como puede, se levanta y camina hacia ellos, pero ya es tarde.

Dani ha dado el tirón final y Nico ha caído al suelo. La mochila vuela por los aires hasta caer al agua. ¡Oh, no! Todos los niños miran la escena atónitos. Tres segundos de silencio.

El Club San Fermín

Tin abre los ojos de golpe y salta de la cama. Busca la mochila, la gorra y la raqueta.

—No, no, no… ¡Son las nueve y veinte! —murmura desesperado—. ¡El autobús sale dentro de diez minutos!

No hay tiempo para nada más. Apurado, baja las escaleras de tres en tres y se agarra fuerte en cada giro del pasamanos. En el último escalón del portal, su pie derecho patina y se resbala, pero no se detiene. Recorre la calle a sprint y a duras penas esquiva a un hombre con un carrito de fruta.

—¡Eh, muchacho, cuidado! —grita el tendero.

Pero Tin no puede frenar. Dobla la esquina de su calle y esquiva a un grupo de turistas. Se baja de la acera y corre por la calle peatonal del pueblo. Atraviesa la plaza a toda velocidad. Las vallas de la fiesta patronal cortan el paso, pero él se cuela por el único hueco libre que queda. ¡Parece una carrera de obstáculos! Tin resopla, pero al final de la calle puede ver la parada. ¡Ya casi está! Aprieta el paso y acelera el ritmo como si estuviera en la final de un Grand Slam.

—¡No, no, no, no!

Desde la puerta del autobús, Sofi asoma medio cuerpo y le hace un gesto de apremio:

—¡Tin, corre!

El motor arranca y empieza a rugir. Tin corre por el asfalto para evitar a la gente que camina hacia la marquesina de la parada. El tubo de escape expulsa una densa bocanada de humo negro que envuelve a Tin y a su mochila. El intermitente izquierdo marca la salida. ¡Se va a ir! Tin pega el último acelerón mientras ve con angustia que el autobús inicia su camino.